jueves, 15 de noviembre de 2012

De los temblores.


Toda mi vida supe de temblores.

Siempre desperté con la suave oscilación de un brazo en mi hombro diciendo “ya es hora…” para irse a la escuela. La fuerte sacudida del nervio al estar acompañada. El simulacro escolar sólo para hacerme correr. La voz trémula al hablar en público. La agitación del corazón cuando aprendí a andar en bicicleta. El terremoto neuronal en el examen de química.

Luego vino el amor y su trepidación. El estremecimiento de una caricia. Tiritar de deseo. La impredecible vibración de un orgasmo.

Hemos estado en sismo todo el tiempo, pero sólo cuando se sacude la tierra podemos percibirlo.

9.2.1 en escala de Rodríguez-Pacheco para el corazón. 6 en la escala Saffir-simpson para mis ojos. 

2 comentarios:

Pepe a Secas dijo...

Demasiado cierto. La vida tiene movimiento. Es muy bueno tu blog.

Alejandro Jónbjarnardóttir dijo...

Las oscilaciones son lo que nos empujan a llegar más lejos