sábado, 12 de diciembre de 2009

A la Villa en bicicleta: la fe pedalea fuerte



Para llegar al Cerro del Tepeyac, no hace falta más que una bicicleta. El volante va bien agarrado de la fe y los pedales son impulsados por el fervor: aún es 11 de diciembre y ya casi son las doce, momento de cantar las mañanitas.

Esta noche todos los caminos conducen a La Villa. Con la Lupita a las espaldas, globos y su devoción sobre ruedas, los ciclistas guadalupanos llenaron las calles y en cada pedaleada demostraban al mundo que sus promesas también andan en bicicleta.

Ya se dejaban ver desde temprana hora en las avenidas. Las bicis en marcha y la cadencia de esos humildes rayos: velocípedos de panadero, de montaña y los ciclistas más sencillos agarrando camino al santuario guadalupano.

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Aquél que pudo salir de la cama y volver a mover sus piernas, toma su bici para dar gracias a la morenita del Tepeyac. Tras haber pasado por el quirófano, las piernas de Gerardo recobraron la movilidad como por obra de un milagro. Un accidente casi lo dejó inválido y ahora pedalea cada año a modo de agradecimiento.



Ahora mismo, Gerardo está tumbado en el suelo, con la imagen de la virgen a espaldas mientras intenta arreglar el estropicio de la cámara en la llanta de la bici de su compadre. Lleva dieciséis años sin faltar a la cita, y agarrar la bicicleta ya es una tradición entre sus amigos y vecinos de Tulyehualco. “Mientras no esté en la cama y la virgencita me permita llegar a su casa, seguiremos andando”.

Cierto fervor comodino promueve que el guadalupano también se mueva en bicicleta: Ricardo salió de prisión hace dos meses, y no teniendo más que su bici, se lanzó a dar gracias con ella. “Pues es más rápido ir en bici” me dice, mientras me observa de modo medio burlón. “Ni modo que me fuera a pié” y alarga con pereza la última sílaba, aguardando que la cámara de su llanta quede finalmente parchada.

Son pocas las mujeres que andan montadas en bici para ver a la Virgen de Guadalupe. Argelia tomó su bicicleta desde San Juan Ixtayopan en Tláhuac para ir a ver a su morenita. Hizo una pausa justo frente a mi casa para tomar aire y seguir con su camino, pues tiene una promesa que cumplir. No dudó en pedalear de noche hasta llegar a la Basílica. “Es el esfuerzo de todos los que vamos. Por eso nos vamos en bici”. Y antes de arrancar su Benotto nuevamente, se santigua.




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Enfilados con cierto desorden, las bicicletas componían la marcha más perfecta para la Guadalupana, como cuando se entonan las mañanitas en una fiesta, donde siempre hay algunos desentonados, cada uno tiene una modulación distinta en la voz y canturrea cada cual con la alegría que le sale de la garganta.

De ese mismo modo, justo a la medianoche, las bicicletas en las avenidas cantaron con efusividad y fervor la serenata de cumpleaños: Estas son las mañanitas… pero ninguno de ellos dejó un instante de pedalear. Aunque hubieran de llegar un poco tarde hasta el Cerro de Tepeyac.

Será que el esfuerzo del ciclista foráneo es la oración menos dolorosa, pero no por ello menos honesta a la Guadalupe del Tepeyac; que el equilibrio en bicicleta es la evidencia más virtuosa de que llegarán a la Basílica por su causa o que sólo sobre ruedas no se deja de hacer oración.

Y es que aún no sé si la fe mueve montañas, pero vaya que moviliza bicicletas.



11 comentarios:

Hein? dijo...

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Quisiera poder recordar el número de veces que he visto procesiones de bicicletas rumbo a la villa...

Recuerdo una en especial, yo tenía como 10 ó 11 años. Iba dormido en el coche de mi padre, y cuando abrí los ojos vi a un grupo de ciclistas siendo protegidos por un par de carros guía.

Aún ahora, después de 15 años, no alcanzo a comprender la fe que los mueve a hacer eso...

Pero sí sé una cosa, mientras ellos amanecerán congelándose en la villa, yo amaneceré en mi mullida y caliente cama. XD

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Arturo dijo...

Umm, es mi primera vez comentando en su blog a pesar de que lo he leído creo que por completo.
Me causó mucha curiosidad su gusto por las bicicletas desde que me lo dijo por vez primera, pero nunca lo había dicho.
Esta entrada me gustó, ya que me tocó andar cuidando peregrinos, muchos de ellos en bicicleta, e incluso mi propio hermano toma su bicicleta y se cada año con un puñado de amigos.
La fe mueve montañas, aunque no se crea. La fe tiene mucho de esperanza, una esperanza que nunca muere, aunque uno crea y desee que si...

N. dijo...

Nunca he podido identificarme por completo con las personas que emprenden un peregrinaje religioso.

Aún así, me parece algo importante; los rituales de expiación, purificación y agradecimiento son raros hoy en día y, para bien o para mal, México es uno de los países que más rituales conserva.

Como persona no religiosa, el único punto de identificación que tengo es el hecho de que sé que yo he construido cosas con funciones similares.

Un abrazo, =)

Kentucky Freud Chicken dijo...

Me gustó el enfoque ciclista que le has dado a un evento tan particular.

Para mí, las peregrinaciones son muestra de muchos rasgos del carácter mexicano: nos sale lo masoquista, lo truhán, lo abusivo pero también lo generoso y lo caritativo. La fe es, definitivamente, un asunto peculiar.

¡Gran post!

Pedro Malito dijo...

Dari me gusta tu blog y tu sonrisa!

Miréia Anieva dijo...

Una sensible y precisa crónica/etnografía. Me gustó mucho, mucho.

PD dijo...

¡¡BLOG DE BICIS, FABULOSO!! ♪
ESTARE AQUI. HE CONOCIDO EN BICICLETA LUGARES QUE NADIE SE IMAGINA, AQUI Y EN EUROPA DEL ESTE.
TENGO IMAGENES DE LOS PEREGRINOS EN CARRETERA, Y ANECDOTAS...
HAGO CRONICA PARA FRANCE PRESS EN BICI, TENGO MUCHA FILMACIÓN DE LA CIUDAD CON LA CAMARA QUE MONTE EN MI BICICLETA...
♪ FELICIDADES, NIÑA ♪
ELMER WERNER

Kyuuketsuki dijo...

Recuerdo que cada año en el pueblo se organizaba (se organiza aún) la peregrinación bicicletera: 165 km de pedalear durante varios días, 15 de ellos en unas subidas que hubieran hecho sudar hasta a Jebús en su ascenso.

Jamás me he sentido identificado con las procesiones, ni siquiera viéndoles el lado deportista o de reto, que sería lo único que me gusta.

Y no puedo opinar muchas cosas más, a sabiendas de que lo siguiente que diga puede caer más que en lo blasfemo, en lo insensible... ah, olvidaba que las dos cosas se me dan muy bien.

Darinka Rodríguez dijo...

Hein: Es algo de lo que no nos podemos escapar... nuestro entorno no nos es ajeno.

Destaco de tu recuerdo, que el grupo de ciclistas iba protegido por un par de autos; lo que en realidad, no debería de suceder... pero ya sabemos también que los ciclistas guadalupanos son un poco impertinentes.

Y eso de la cama... ¿tiene compañía? (risas jocosas e indiscretas).

Arturo: El mosaico de posibilidades que despliega la fe me mostró su rostro ciclsita. Aunque también es un hecho que quien se subyuga a ella es un ente vulnerable, ciego y empecinado.

Así como todos los dogmas tienen sus aristas, obervarlas ya sea dentro o fuera, es siempre interesante.

Y gracias por leerme con esa constancia.


Ene: Creo que los ritos de expiación muchas veces sobrepasan lo religioso. En el caso del peregrinaje al Tepeyac es mucho muy evidente y vistoso. ¿Cuántas veces no somos presa de nuestras expiaciones?

Por cierto, me gustaría saber eso que has construido. Similar o funcional... me da curiosidad.

Va un abrazo de reversa!

Freudchicken: Lo que pasa es que yo ya veo bicicletas por todos lados... ja.

Coincido contigo, sobre todo en lo masoquista y lo truhán. ¿Has visto de que formas se aprovechan de los peregrinos más ingenuos? Pff... eso da para otro post.

Gracias por las flores!

Pedro: Le recomiendo que visite la zona de generales de este blog (aka mi autobriografía) en el costado superior de la página. (risas)

Por lo demás, muchas gracias por visitarme y sea bienvenido!

Miréia: (Se sonroja) Qué te puedo decir... Yo también disfruto cuando te leo.

Elmer: Muchas gracias. Espero que se pueda poner en contacto conmigo: mi tesis versa alrededor del tema ciclista.

Y es que viene la revolución... en bici!

Kyuutz: Este año, por cuestiones económicas y de tiempo (ése que tanto escasea) no me pude lanzar a ver desde el inicio una de esas procesiones.

Por otro lado, me encantaría que vinieras aquí a lanzar tus blasfemias e imprecaciones por acá. No respondo por las injurias que se te regresen o los trolls que te puedan surgir. Así que siéntete en confianza de blasfemar a tus anchas.

Va otro beso!

Hein? dijo...

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@Darinka: No, no tengo compañía. Mi cama está vacía. ¿Te interesa aplicar para el puesto? (Léase con tono pícaro y coqueto).

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PD dijo...

DARINKA, pareces rusa; muéstrame esa tesis, también asesoro en investigación y redacción; mi punto de vista no te vendría mal, seguro.
Las bicicletas son para alejarse de las ciudades; en Cuba les llaman ciclos, ja!
Te mandaré mi libro de poemas "El último ciclista" para que opines de él, me servirá; soy: canito6996@yahoo.com.mx... cacle-cacle!